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domingo, 17 de fevereiro de 2008

El Alba vs. Colombia. Buscando la chispa incendiaria


Los últimos incidentes entre Nicaragua y Colombia en el mar Caribe, en proximidades al archipiélago de San Andrés eran previsibles, incluso después del fallo que la Corte internacional de justicia expresó claramente. El país centroamericano continúa buscando que se den incidentes en estas aguas, con el fin de poder mostrarse como nación agredida ante los tribunales internacionales.
Pero además, estos ataques hacen parte de una estrategia más amplia que se gesta en Venezuela. Porque Hugo Chávez necesita prontamente un conflicto internacional que cubra los problemas causados por su deshonestidad rampante y su ineptitud administrativa con los que ha desangrado económicamente a la vecina nación durante casi una década. Tal vez Ortega quiere dar a su señor la esperada chispa que origine una confrontación abierta entre Colombia y Venezuela. Tal vez Chávez le prometió la posesión del archipiélago, una vez él acabe con Colombia y con “el imperio”.
Pero es que la corte fue clara. San Andrés es de Colombia. Y peor aún para Ortega. Este fallo deja sin piso su principal argumento: Que el tratado Esguerra-Bárcenas se firmó bajo ocupación estadounidense. La corte no consideró este concepto, y se prepara ahora para conocer los argumentos de fondo de Colombia, que sustentan una frontera marítima en el meridiano 82, con el fin de cerrar el tema para siempre. Sin embargo, el presidente nicaragüense ha invitado a sus connacionales a cruzar este meridiano, enviando pescadores a chocar contra las autoridades colombianas, para que, lógicamente, sean detenidos y deportados.
La corte fue clara. San Andrés es de Colombia. Y aunque esto fue ya afirmado, ya dicho, ya ratificado por una corte que Nicaragua solicitó, siendo así un caso perdido, siendo un caso que perdería una y mil veces, vuelve otra vez Ortega a mentirle a su pueblo, diciendo que San Andrés es de Nicaragua y que volverá a “defender la soberanía”, empezando nuevamente con su disco rayado como en el comienzo del pleito.
Y es que este “imperialismo colombiano” del que habla, consiste en simples actos de soberanía. Para citar un ejemplo, en la celebración del pasado 20 de Julio, el archipiélago estuvo de fiesta. Los niños y niñas de los colegios organizaron un desfile. Los mayores vistieron sus mejores trajes para saludar al presidente Uribe y su comitiva. ¿Cuál fue la reacción de Ortega y de la prensa nicaragüense ante una visita normal, frente a un acto cívico de un presidente a un departamento colombiano? Rasgaron sus vestiduras ante estas “provocadoras” y humillantes muestras de “poderío militar”.
Y estas reacciones han estimulado el nacionalismo. Y aunque algunos en ese país sueñen con derrotar a los colombianos o a “los gringos”, la verdadera capacidad bélica de Nicaragua es irrisoria. Su armada consta solo de algunas lanchas. Es un país de 5 millones de personas (que viviendo en ese amplio territorio podrían ser prósperos), al que la ineptitud de gobernantes como Ortega han hecho microscópico económicamente. Por ejemplo, en términos de PIB, cada nicaragüense solo produce 1/10 de lo que produce un colombiano. Muy grave, si tenemos en cuenta que Colombia no es un precisamente un país industrializado. Tampoco es posible comparar otros datos del país centroamericano, que mostrarían su atraso social y económico, porque incluso carece de una oficina de estadística confiable, así como carece también de muchas otras cosas. Los pocos datos indican casas de piso de tierra y tejas cartón. Es un país absolutamente pobre, muy pobre, en la cola de Latinoamérica. Necesitado más de cooperación que de conflictos. Aunque Ortega, con tal de seguir malgastando las arcas públicas, los llevaría a todos al matadero.
El verdadero problema bélico es Chávez, sus nuevos submarinos y su inmenso deseo de producir un enfrentamiento con Colombia, en un mar en el que Nicaragua ha declarado, contra todo principio, la frontera disuelta. Y ¿Qué pasaría si llegáramos a ver que la corbeta “ARC Caldas”, o la “ARC Antioquia” ha sido torpedeada mientras efectuaba un patrullaje rutinario? Parece un escenario absurdo. Pero posible aquí. Posible por las bajas calidades humanas de estos caudillos. ¿Qué pasará si ese día llega?
Si en esos dos países se restableciera una democracia respetable, sin duda estos dos personajes enfrentarían muchos problemas. Para ellos, perpetuarse en el poder, como Castro, es la única alternativa. Una obligación. Un tema de vida o muerte. Y con indicadores de popularidad en picada podrían hacer cualquier cosa. Y ellos no son estadistas. Son delincuentes, ladrones haraganes, hombres que no respetan ningún parámetro.
No esperemos que una fragata empiece a echar humo para decidir si tenemos el derecho de hablar o no. Es hora de una diplomacia más firme, más disuasiva, de acciones contundentes, de estrategias planificadas frente a dos enemigos declarados.
David Narváez

Fonte: La Historia Paralela

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